Estamos en una reunión entre amigos, sacamos un cigarrillo y nos damos cuenta que no tenemos encendedor; la salida es fácil, le pedimos prestado al individuo más cercano. Pero qué es lo que sucede cuando encendemos el cigarrillo, automáticamente metemos el aparatito a nuestro bolsillo derecho, y sí, según estudios hechos por mi… es en el derecho (en realidad no lo sé, pero ustedes tampoco porque nunca han analizado tal punto… igual que yo jojo) luego te das cuenta que te apoderaste de algo que no es tuyo cuando el dueño del encendedor pregunta por él, y normalmente no se acuerda a quién se lo prestó.
Más que un robo no intencionado, yo lo vería como una estafa semiperfecta no intencionada, pues se hace con una naturalidad cien por ciento real, y en la cara del individuo quien casi nunca nota que aquello que le costó cincuenta centavos, en ocasiones un sol (los que vienen con lucecitas) está en el bolsillo de uno; lo cual no sucede con un zippo ya que tiene un costo más elevado y sí están pendientes de él.
El misterioso arte de meter encendedores ajenos al bolsillo nace desde el colegio, en primaria era con los borradores y lápices ajenos, los que cordialmente el niñito del costado nos prestaba, en secundaria sucedía con los correctores y lapiceros, y hoy con el encendedor. No es porque seamos ladrones no intencionados ni estafadores semiperfectos, es simplemente un impulso de pertenencia ante algo que es muy importante y a la vez no, pues nos olvidamos en el acto de la víctima raptada.
Quien realiza este misterioso arte, se apodera de los encendedores de sus amigos, pues una persona desconocida está pendiente con sus cinco sentidos en que lo suyo sea devuelto. Cuando el dueño del aparatillo se da cuenta en el acto que se están llevando lo que le pertenece, lo pide: “Oe mi encendedor” es ahí cuando viene la respuesta con cara de estúpido, por lo menos la mía: “jojoi jojoi, siempre hago lo mismo on’ no sé por qué” y quien me prestó dice “sí yo también jajaja”… a pesar que nos damos cuenta constantemente, lo seguimos haciendo. Bueno, voy a buscar mi encendedor y a contemplar mi colección de encendedores desconocidos que aparecen en mis pantalones, los que no tengo idea de quiénes son, si alguien tiene alguno mío, mándenle mis abrazos… . Ya nos leemos.
