jueves, 18 de noviembre de 2010

Cuando buscas, no está. Cuando ya no importa, aparece.

Hoy, antes de partir al trabajo estaba buscando mi celular, no tengo saldo, pero ya se volvió parte de mi. No encontraba el bendito objeto, no aparecía por ningún lado, y de pronto cuando dije “¡Ya fue, me largo!” el aparatito este apareció como gritando por que no lo deje solo… esta vez tuve suerte, pero me puse a pensar que cuando realmente es menester encontrar algo, esto nunca aparece.
Hace muchos años, estaba jugando en el cuarto de mi mamá; el juego consistía en lanzarme de la ventana hacia la cama, mi vieja me advirtió que no juegue así porque podría accidentarme, dicho y hecho, me partí la quijada. A mi linda madre no se le ocurrió mejor idea, al verme sangrando, que agarrarme de los pelos y mandarme de un lado a otro diciendo “¡Te lo dije mierrrrrrrrrrrrrrrrrrda!” haciendo hincapié en la erre; buscó su billetera, donde estaba mi carnet de seguro y su plata para poder tomar un taxi… la muy coqueta billetera nunca apareció. No recuerdo qué más pasó.
¿Por qué? Maldita sea… ¿por qué? Nos urge encontrar algo, ponemos nuestra habitación patas arriba, culpamos a nuestras madres porque nosotros lo perdimos, es importante encontrarlo ahora y no después. Podemos pasarnos toda la tarde buscando y buscando… y nada. Luego de desesperarnos, frustrarnos y enojarnos, nos damos por vencidos, dejamos de hacer eso tan importante por no encontrar eso más importante aún. Pasan los días, los meses… estamos en plan hueveo en nuestro cuarto, viendo tele, leyendo algo, o simplemente cojudeando viendo el techo… de pronto levantas un pantalón, mueves algo o miras hacia algún lugar y… ¡AHÍ ESTÁ! Sí!! Eso que tanto buscaste, eso que hizo que canceles tus planes, eso que talvez debiste devolver y por lo que quedaste tan mal, eso que te puso de mal humor… eso que quizá no permitió que salgas de tu casa porque no tendrías como volver… eso que no tiene nombre porque son muchas cosas a la vez. El retorno del objeto puede ser recibido de dos maneras: “¡Aquí estás!” con chape incluido, o con un enojo total. 
Parece que nuestras cosas sienten cierto placer al JODERNOS, tratémoslas bien para que no se pierdan.    

¿Te ha pasado?